Ante mi, seres desconocidos marchan en una desentronizado
andar. Estos seres caminan rápido, se mueven, gritan, algunos callan pero sus
ojos están completamente alerta. Del otro lado del camino material una mujer
ríe a carcajadas con una mano en su oreja (loca) mientras mese un niño con su
brazo libre, un caballero de gran edad camina doblado apoyándose en un extraño báculo
de 3 patas y una muchacha de dorados cabellos y tapones en los oídos parece
moverse al ritmo de una música silenciosa. Más gente. En la esquina, un gran
farol de colores da indicaciones a unos extraños y exuberantes carruajes que
frenan, chillan, y vuelven a arrancar. Mucha más gente.
Pero aun nadie me ve.
Sin lugar a donde ir, sin lugar donde
quedarme, me arrodille junto a una pequeña caja de material desconocido. Dentro
de la caja había algo similar a un pompón de lana, como los que me tejía en la
ropa mi madre, pero sin la ropa. El pompón se movió un par de veces. ¿Qué clase
de criaturas vivían en este mundo? Un par de ojos negros (si, un solo par) me
observaban fijamente. La gente parecía no verme, pero la pequeña criaturita
negra sí. Intente ignórala, pero su mirada era casi hipnótica, cautivadora, me
atrajo.
“Amor” pedía. Sus ojos diminutos
pedían amor.
“No puedo” le susurre “yo no puedo
darte un amor que no tengo”. Sin entenderme, su pomposo ser comenzó a mover su
rabito mostrando felicidad. “¿Por qué estas feliz cuando te eh dicho que no,
pequeña criaturita?” “¿Cómo se puede ser feliz sin amor?”
De entre los arboles surgió el grito
de una niña asustada. Mis piernas instintivamente me pusieron de pie. No era
horario para que una niña ande en la calle. Bueno… la verdad que no lo sé…
según libros que había leído sobre la tierra de los humanos existía un toque de
queda para los menores de edad… no recuerdo cual era la mayoría de edad humana,
ni como median sus años, pero ese grito era aun muy joven para ser de un niño
de nuestra raza.
Entre todos los arboles había un
espacio circular como los que hacen los exploradores en los campos de cosecha
(los humanos llaman a los exploradores Alienígenas). Perfectamente circular,
oscuro, y plagado de niños. ¿Niños?
-¡Callate! ¡Deja de gritar como
nenita! A esperen, es una nenita.- grito el más grande.
-Esta vez tu mami no te va a salvar
Tonta.
A pesar de los 10 niñitos que tapaban
la visual, divise una pequeña niña de pelo castaño en el suelo frente a ellos.
-¿Qué pasa acá?
Mi vos salió casi inaudible y ronca, tal
vez por su falta de uso o por la sed que me estaba consumiendo.
-¿Que pasa acá?-repetí, esta vez mas
fuerte.
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